viernes, julio 20, 2007

Tangamandapio (parte 3)

Entonces ella estaba "asoleada" bajo ese cálido ultra violeta tropical que deshidrata hasta el mar.
Le manifiesta la "lástima" de que él no fuera por la misma vía porque hubiera almorzado.

"Me estoy volviendo loco", pensaba él mientras recorría a toda prisa las calles cada vez más cercanas al mar. Se había ya establecido la dinámica, las conversaciones y llamadas iban ya en ambos sentidos y él no podía más que ilusionarse, o desilusionarse.

Cuando dieron las dos o tres de la tarde el sol era insoportable, el hambre ya le hacía de tripas corazón y aún faltaba una hora por llegar. Se detuvo en el restaurante de comida chatarra más cercano (aún peor que en el que se había detenido a orinar un par de horas antes) y esperó media hora por una hamburguesa. Abrió el carro a toda prisa, tiró las cosas, incluida la comida y la Coca Cola y siguió su camino. Bellos paisajes, ya en estos momentos no había tiempo de hablar, había literalmente que correr, y esas calles cada vez más polvorientas y deshidratadas le parecían eternas. Total, ella estaría flotando en alguna agua salada deseando también llegar.

Cuando vio el hotel en que se hospedaría le dieron ganas de quedarse mirando el mar, en vez de asistir al evento por el que tanto había corrido. "Mi habitación, que voy tarde", le suplicó al funcionario del hotel y rápidamente ingresó en una amplia y fría habitación. Tiró su maleta, sacó la ropa, se mojó el cabello y se deslizó cual balletista hacia la playa. La suerte de vivir en Macondo es la relatividad del tiempo, nada estaba a la hora programada y parece que inclusive a él le habían dicho una hora que no era, tomando en cuenta que como fiel habitante del lugar tampoco se caracteriza por puntualidad.

Pasado el evento sube a su habitación, para llamar a esa mujer que ya habría de haber llegado a su destino final. Ella contestó, "apenas llegando voy, pero ya pasé por una Imperial; lástima que no pude ver el atardecer...". Él consolándose con que ese mar era el mismo que a la larga ella estaría contemplando, y el mismo sol, y mismo atardecer, y la brisa de mar hasta le haría el favor de llevarle un beso de buenas noches hasta su balcón.

4 comentarios:

peregrina dijo...

Mariela sabe cómo enganchar a sus letores,,,, y ahora quiero que mi marido me traiga el beso de las buenas noches a mi balcón.
Feliz día de la amistad querida.
Grina

Amorexia dijo...

El mismo sol, la misma luna, lindo consolarse con cosas poco probables que solo en nuestras fantasías son ciertas. Esta serie Tangamandapiana me gusto mucho!
Volví amiga, de paso volví!

Rabiosa dijo...

Llevarle un beso de buenas noches hasta su balcón.
Me encanta.

Cromatica dijo...

o mandarselo con la mismisima luna!

estoy enganchada...